Villarreal, 2017.

02/09/2017 

Vídeo del frente de Villarreal.mp4.

Este fin de semana hemos estado haciendo un recorrido por la zona de la ofensiva de Villarreal. No tengo palabras para describir el estado en que regresé, al atardecer, tras una jornada llena de emociones que culminaron con una breve parada en el alto de Pagotxiki  y una caminata muy agradable e impactante por el llamado “pinar de Txabolapea”. En esta entrada veremos algunas fotografías de la zona de la ofensiva de Villarreal en la actualidad.

vistasPagotxiki

No es lo mismo visionar mapas de relieve o leer un texto  con algunos croquis sobre los distintos desplazamientos de los batallones por la zona donde se realizó la ofensiva que estar allí mismo, tomar contacto con las distancias, con la distinta orografía que presenta el terreno, pisar el suelo que presenció tantas batallas mientras intentas recordar qué sucedió en cada lugar e imaginas a aquellos grupos de combatientes desplazándose a través de los caminos y montes. Necesitaba estar allí.

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En Ubidea, tenía especial interés en ver la distancia que había de ahí hasta el Gorbea, visitar el cementerio con la esperanza de encontrar alguna lápida que recordara a los 108 milicianos sin identificar que acogió en su camposanto durante la guerra, en pasear por sus calles imaginando el deambular de los cientos de milicianos que esperaban órdenes, intentando adivinar en cuál de aquellas casas estaría el “hospital de campaña” que recibió tantos heridos y muertos los primeros días de la ofensiva de Villarreal…

Ubidea y Gorbea

Ubidea-rio

Ubidea cementerio

Continuamos la ruta hacia Etxaguen. Era obligado parar al menos unos minutos donde hace más de cuatro años la Sociedad de Ciencias Aranzadi exhumó los restos de diez milicianos fallecidos durante la ofensiva; necesitaba averiguar si alguien se había ocupado de dejar una indicación allí para recordar la localización de esta fosa común. Fue un alivio comprobar que al menos había una especie de estela, una piedra tallada apoyada entre dos troncos de árbol en el suelo, un recordatorio con el epitafio “IN MEMORIAM 1936” adornado con  un eguzkilore. Algo es algo. Gracias a quien se haya ocupado de eso. Espero que estos dos árboles aguanten mucho tiempo.

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En Nafarrete… tenía que tocar aquellos árboles que han crecido dentro de la iglesia desde 1936, poner mi mano sobre el árbol en que se apoyó Enrique Fuente cuando, décadas después de la guerra civil, recordaba entre lágrimas que “cada día era un combate” y miraba hacia la techumbre inexistente, cuyos últimos vestigios, los restos de unas vigas destrozadas en equilibrio inestable, amenazan con caer sobre cualquier visitante que ose adentrarse bajo el cielo descubierto de su tejado.

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Más que una iglesia, hoy parece un castillo en ruinas sacado de algún cuento de princesas.

Nafarrete5

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Elosu…  desde donde se deja ver al  frente, tras pequeñas isletas y penínsulas arboladas,  el que fue pueblo de Villarreal de Álava, Legutiano, mientras el Albertia, testigo mudo de los cruentos combates que se desarrollaron bajo sus faldas, se levanta imponente como diciendo “aquí estoy, estos son mis dominios”. Y el pinar, a la derecha, tan cerca y tan lejos…

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El alto del Pagotxiki… iba a ser la última zona a visitar, la guinda del pastel que siempre se deja para el final, y quedarnos con el recuerdo de una panorámica general. No pensaba que finalmente nos decidiéramos a subir al pinar de Txabolapea a última hora, no al menos ese día. Quería rematar la jornada con una panorámica de todo el campo de batalla, ver desde la distancia las zonas desde donde los distintos batallones intentaron sin éxito tomar Villarreal.  El sol, a nuestra derecha, aún con fuerza, no quería facilitarnos la tarea de inmortalizar ese momento, pero conseguimos esquivarlo.

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Y finalmente… el pinar de Txabolapea. Lo que iba a ser un paseo tranquilo, por aprovechar el tiempo que aún quedaba de esa deliciosa tarde de sábado, se convirtió en una experiencia única, impactante. Tanto que me costó varias horas regresar a 2017 y dejar de ver y oír lo que el bosque, mientras paseábamos, nos susurraba.

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Según avanzábamos hacia la parte más alta del camino, comenzamos a divisar montículos extraños  y zonas irregulares, ajenas a la pendiente natural del terreno. Dejamos el camino a un lado y nos adentramos en distintas zonas del pinar, descubriendo, para nuestro asombro, un sin fin de surcos excavados con formas sinuosas, poco profundos pero claramente restos de antiguas trincheras.

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Había otras oquedades, junto a las mismas trincheras, de forma circular, más profundas, como de tres o  cuatro metros de diámetro alguna y un metro  o metro y medio de profundidad, seguramente realizadas por la caída de bombas pero también pensamos en la posibilidad de que alguno de aquellos hoyos fuera un espacio donde poder descansar, por turnos, en aquella fría noche de invierno, intentar dormir algo mientras esperaban el ataque de la mañana siguiente. Quién sabe…

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Y, cómo no, llegamos hasta el lugar donde se realizó el pasado mes de marzo la exhumación de un combatiente. Después, seguimos hasta el final del camino que terminaba en una campa.

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Me voy con el recuerdo de las sombras y luces del pinar, pero también con la imagen de Leia y Kaiser en Nafarrete, avanzando velozmente hacia nosotros entusiasmados, marcándonos con sus patas y sus lametones – seguramente porque nos confundieron con otros que habrían estado por allí con trípodes y cámaras, vete tú a saber-  saludándonos efusivamente, colocando sus patas sobre nuestros cuerpos como si por fin, después de mucho tiempo, hubiéramos regresado y fueran incapaces de contener su alegría, mientras su amo, apurado, les gritaba para que dejaran de molestarnos.

Y el sol, comenzando ya a retirarse, mientras nos alejábamos, con nostalgia, de Legutiano…

02/09/2017

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ÍNDICE DE LA SECCIÓN “PASEOS POR EL FRENTE”

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